El Banco de España ha mantenido su previsión de crecimiento para 2026 en el 2,3 por ciento y la de 2027 en el 1,7 por ciento, al tiempo que eleva su proyección de inflación. Mantener sin cambios una cifra de crecimiento suele leerse como confianza. Subir a la vez la previsión de precios es la parte que conviene mirar despacio, porque dice que lo que cambia es la composición de ese crecimiento y no su tamaño.
El 2,3 por ciento supone una desaceleración frente al 2,8 por ciento de 2025, y aun así deja a España creciendo por encima de la mayor parte de la zona euro. Los motores llevan tres años siendo los mismos: turismo en volúmenes récord, un consumo interno que no se ha quebrado y una inmigración que suma población activa a un ritmo que eleva el producto de forma mecánica.
Otras casas se sitúan en el mismo entorno sin coincidir del todo. El Gobierno ha sido más optimista y ha elevado su propia previsión al 2,6 por ciento, mientras que el Fondo Monetario Internacional se ha mostrado más prudente con un 2,1 por ciento. Medio punto de diferencia entre tres instituciones serias es una buena medida de cuánto de esto depende de supuestos y no de observación.

