Las autoridades españolas han comenzado a instalar una barrera flotante de contención en el agua junto al espigón del Tarajal, en Ceuta, para cumplir una sentencia del Tribunal Supremo dictada en julio. La barrera es una respuesta física a una instrucción jurídica, y su aparición pocos días después de una entrada masiva le añade un segundo significado que no estaba en su diseño.
Conviene enunciar la secuencia con claridad. Un tribunal resolvió en julio. El Gobierno sostiene que las mafias difundieron una lectura interesada de esa resolución, lo que contribuyó a que decenas de miles de personas intentaran el cruce. El Gobierno ejecuta ahora la sentencia colocando una barrera en el mar. La misma decisión judicial está en los dos extremos de la cadena.
Una barrera flotante en una frontera marítima es una infraestructura modesta con un peso simbólico desproporcionado. No detiene un cruce decidido tanto como lo ralentiza y lo encauza, que es lo que la hace útil para un dispositivo de rescate y también lo que permite describirla con facilidad como un muro en el agua.

