La bolsa española ha alcanzado máximos históricos y prolonga una racha que empezó bastante antes de este año. Lo que merece atención es la composición de esa racha: los bancos aportaron cerca del 70 por ciento de las subidas, impulsados por buenos resultados, retribuciones generosas, unas condiciones internas que mejoran y la consolidación del sector.
Hay razones válidas más allá de los propios bancos. Las cotizadas españolas tienen una exposición relativamente baja a Estados Unidos, lo que las aisló de la presión arancelaria que golpeó con más fuerza a otras plazas europeas. El paro bajo, una inflación contenida y las mejoras de calificación crediticia hicieron el resto.
La concentración sigue siendo el riesgo. Un índice en el que un solo sector aporta la mayor parte de la subida es un índice que ha tomado una posición direccional, diga lo que diga su diversificación nominal. Si se comprimen los márgenes del crédito, o si el expediente de competencia abierto contra seis grupos bancarios acaba en algo relevante, lo que impulsó el rally pasa a impulsar la corrección.

