La economía española creció un 0,7 por ciento en el segundo trimestre, según el Instituto Nacional de Estadística, frente al 0,6 por ciento revisado de los tres primeros meses del año. El crecimiento anual se sitúa en el 2,7 por ciento. Es el vigésimo cuarto trimestre consecutivo de expansión y el vigésimo primero de crecimiento interanual, una racha lo bastante larga como para haber dejado de ser noticia por sí misma.
Lo nuevo es de dónde viene ese crecimiento. La demanda nacional aportó 0,6 puntos porcentuales del dato trimestral y la demanda externa 0,1, y dentro de la demanda nacional la línea llamativa es la inversión y no el consumo. La formación bruta de capital fijo subió un 0,4 por ciento en el trimestre y un 5,1 por ciento en el año, con la inversión en productos de propiedad intelectual un 7,7 por ciento arriba y la construcción un 5,2 por ciento.
Importa porque la crítica al reciente desempeño español ha sido que se trata de consumo y turismo con etiqueta de crecimiento, y que un país que suma trabajadores sumará producto sea o no más productivo. La inversión en propiedad intelectual es la línea que responde a eso. El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, describió las cifras como un crecimiento sólido impulsado por la inversión, y por una vez es una caracterización ministerial que la composición respalda.

