Un campus de inteligencia artificial proyectado en el centro de España, con un presupuesto en torno a los 3.000 millones de euros, avanza en la tramitación autonómica. El proyecto DC Malpica lo forman dos centros de datos de 150.000 metros cuadrados cada uno en un campus previsto para 300 megavatios. Lo que lo define no es el tamaño. Es que la estrategia energética se ha construido para generar en el propio emplazamiento en lugar de esperar a la red.
Esa decisión es información sobre el estado del acceso a la red en España. La generación propia es intensiva en capital, complicada de operar e incómoda desde el punto de vista regulatorio, y un promotor solo la elige cuando la alternativa es una cola de conexión lo bastante larga como para vaciar de sentido el calendario del proyecto. Construirse una central es lo que se hace cuando la opción barata no está disponible, no cuando es cara.
Para el territorio la aritmética resulta atractiva como suele ocurrir con los grandes proyectos industriales. El empleo de construcción es real, la base imponible es real, y un campus de este tamaño fija proveedores a su alrededor. La reserva es la misma que con cualquier emplazamiento único de este peso: concentra una economía local en el modelo de negocio de un solo inquilino.

