Un terremoto de magnitud cinco sacudió Granada poco después de la una de la madrugada, con epicentro en la vecina localidad de Alhendín, a unos diez kilómetros al sur de la ciudad. Pese al tamaño del temblor, las autoridades no informaron de heridos, aunque los daños que dejó a su paso fueron lo bastante visibles como para llenar las televisiones españolas durante el resto del día.

La alcaldesa de Granada, Marifrán Carazo, dijo que no se habían registrado víctimas ni daños estructurales graves y generalizados, y que se estaban evaluando daños aislados, en particular en edificios más antiguos o vulnerables. Las imágenes de las calles afectadas mostraban exactamente ese tipo de daño aislado: fachadas agrietadas, cornisas caídas y escombros, y coches aparcados junto a edificios sepultados bajo tejas y ladrillos rotos.

El seísmo se sintió mucho más allá de Granada. Los servicios de emergencia de Andalucía registraron más de 200 llamadas de toda la región, incluidas Sevilla, Córdoba y localidades turísticas de la Costa del Sol, y rescataron a varias personas de edificios que habían sufrido daños. Las autoridades declararon la emergencia y pidieron a los vecinos que se alejaran de fachadas, cornisas, balcones y muros exentos hasta que las inspecciones confirmaran qué zonas eran realmente seguras.

Un terremoto de magnitud cinco es poco frecuente en esta parte de España, y Granada tiene más en juego que de costumbre cuando tiembla el suelo: la ciudad alberga la Alhambra, el conjunto palaciego declarado patrimonio de la humanidad que atrae a millones de visitantes al año. No se ha informado de daños en el propio monumento, pero el terremoto sirvió de recordatorio de que una región conocida sobre todo por su arquitectura se asienta sobre un terreno que todavía puede moverse sin apenas aviso.