Pablo Palafox tiene 31 años, es ingeniero de Guadalajara y fundador de HappyRobot, una plataforma de inteligencia artificial agente que acaba de cerrar una ronda serie C de 150 millones de dólares con una valoración de 1.200 millones. Eso la convierte en el unicornio más joven de España, y el argumento detrás de la empresa es directo: en lugar de escribir software que asiste a una persona, HappyRobot despliega agentes de inteligencia artificial que hacen directamente la parte repetitiva y transaccional de un trabajo, llamadas de ventas, tickets de atención al cliente, papeleo administrativo, cobros, mientras una persona queda para gestionar las excepciones, la estrategia y todo lo que de verdad requiere criterio.
El camino de Palafox hasta ahí no fue una línea recta. Estudió ingeniería industrial, después cursó un máster en visión por computador y aprendizaje profundo en la Universidad Técnica de Múnich, y estaba encaminado hacia un doctorado cuando unas prácticas en Reality Labs, de Meta, le hicieron cambiar de idea. Abandonó el doctorado en 2022. También había pasado diecinueve años tocando el piano antes de todo eso, un detalle que no dice nada sobre un plan de negocio y lo dice todo sobre alguien que termina lo que empieza.
Construyó HappyRobot junto a su mejor amigo de la universidad, Luis Paarup, y su propio hermano, Javier Palafox, que había sido director financiero de la filial estadounidense de Deoleo. Su primer intento de entrar en Y Combinator fue rechazado. Lo consiguieron en el segundo intento, en 2023, con un producto que ya generaba 100.000 dólares de ingresos. La idea que de verdad funcionó llegó un año después: en lugar de una plataforma de agentes de propósito general, se centraron en agentes de voz que llamaban a camioneros para comprobar el estado de una carga. Era algo poco vistoso y muy concreto, y fue lo que le dio a la empresa sus primeros clientes reales.
Desde el transporte por carretera, la plataforma se extendió. En diciembre de 2025 ya funcionaba en energía, telecomunicaciones, banca y seguros. HappyRobot opera hoy desde ocho oficinas en todo el mundo, atiende a más de 150 clientes y asegura que sus ingresos crecen por cinco de un año a otro, camino de superar los 40 millones de dólares en 2026 con el objetivo de llegar a 100 millones al año siguiente. Varios de sus contratos ya alcanzan las siete cifras al mes.
Los resultados que la empresa exhibe son concretos y no solo promocionales. En DHL, la plataforma gestiona más de veinte casos de uso distintos en más de ochenta países. En la energética española Naturgy, HappyRobot dice alcanzar una satisfacción del cliente de 9,4 sobre 10, con incidencias resueltas mil veces más rápido y a una cuarta parte de lo que costaban antes. Kuehne+Nagel, Repsol y ocho de los diez mayores brokers de transporte de Estados Unidos también figuran entre sus clientes, respaldados por inversores como Prysm, Eurazeo, Bankinter y Base10, el fondo fundado por Adeyemi Ajao, cofundador de Tuenti.
El propio resumen de Palafox sobre por qué las grandes empresas están comprando se parece más a una advertencia que a un eslogan de ventas. Si tu competidor tiene una plantilla de agentes y tu no, ha dicho, estás muerto. Que eso termine siendo cierto o no para los sectores en los que vende HappyRobot, los inversores acaban de poner precio al argumento: 1.200 millones de dólares.

