Santander UK ha completado la compra de TSB a Banco Sabadell tras superar a los reguladores de ambos lados del Canal. El banco resultante atiende a casi 28 millones de clientes, lo que lo convierte en el tercer proveedor de cuentas corrientes del Reino Unido y en su cuarto mayor prestamista hipotecario. Dos balances españoles han reordenado sin ruido una parte de la banca minorista británica.

Para Sabadell la venta cierra un capítulo incómodo. TSB se compró en 2015 y pasó buena parte de la década siguiente como una distracción, sobre todo por una migración informática que salió lo bastante mal como para convertirse en caso de estudio. Venderlo transforma un problema de gestión prolongado en capital y permite al banco concentrarse en un mercado nacional donde rinde mejor de lo que sugiere el precio de salida.

Para Santander la lógica es de escala en un mercado que ya conoce. La banca minorista británica premia el tamaño de una forma que se ha acentuado a medida que se reducen las redes de oficinas y el coste por cuenta pasa a ser la cifra que decide quién es competitivo. Sumar la cartera de TSB a una operación británica ya existente es la vía más barata hacia esa escala.

El efecto sobre la competencia es más fácil de describir que de juzgar. Un tercer proveedor de cuentas corrientes es un rival más serio para los grandes bancos tradicionales de lo que era cualquiera de los dos por separado. Que los clientes lo noten en los precios depende de si Santander usa la posición para competir o para consolidar.

El fondo del asunto es dónde buscan crecer ahora los bancos españoles. El mercado nacional es rentable pero maduro. Sabadell ha decidido concentrarse en él y Santander ha decidido comprar escala fuera, y el mismo trimestre acaba de premiar a los dos.