El Gobierno de España ha ampliado la vida operativa de la central nuclear de Almaraz hasta el 8 de junio de 2030, retrasando un cierre que ya estaba acordado y programado. Según el plan original de 2019, los dos reactores de la central debían apagarse por etapas, el primero en noviembre de 2027 y el segundo en octubre de 2028. Ambas fechas han quedado sin efecto, sustituidas por un único plazo nuevo tres años después.
El giro llega tras el apagón que sufrió la península ibérica en abril de 2025, un episodio que reforzó el argumento de que España no puede permitirse perder capacidad nuclear mientras todavía está desplegando renovables. Ese argumento ganó más peso desde Bruselas: la comisión de peticiones del Parlamento Europeo criticó el plan de cierre original por considerarlo ideológico y sin base técnica, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha defendido públicamente mantener en marcha las centrales nucleares. El Consejo de Seguridad Nuclear español añadió la última pieza el 16 de julio, con un informe favorable que confirma que Almaraz cumple todas las condiciones de seguridad necesarias para seguir operando hasta 2030.
Lo que se mantiene en marcha no es una central marginal. Almaraz ha generado a lo largo de su historia más electricidad que ninguna otra central en España, y actualmente suministra en torno al 7 por ciento de la producción eléctrica nacional, una cuota que de otro modo habría que sustituir deprisa y en un plazo ajustado. La central también da empleo, directo e indirecto, a unas 4.000 personas en Extremadura, una región donde esos puestos de trabajo pesan mucho a escala local.
La decisión enfrenta al Gobierno de coalición con compromisos que había adquirido con sus propios socios de izquierda, Podemos y Sumar, que respaldaban el cierre original. Llega como una victoria clara para la plataforma ciudadana Sí a Almaraz, Sí al Futuro, cuya presidenta afirmó que la decisión devuelve la confianza a miles de familias, una descripción que refleja lo personal que se había vuelto el calendario de la central para la región construida a su alrededor, más allá de cómo se resuelva el debate en Madrid o en Bruselas.

