Sumar, el partido de izquierdas más pequeño que comparte Gobierno con los socialistas, presentó el miércoles en el Congreso una moción para que las instituciones deportivas españolas reconsideren la coorganización del Mundial de 2030 con Marruecos y Portugal. Su comunicado situó la petición en el terreno de los derechos humanos, al señalar que esas instituciones deberían replantearse un Mundial compartido con Marruecos porque hay que defender los derechos humanos.

La moción no es vinculante y Sumar tiene 26 de los 350 escaños del Congreso. Por aritmética no cambia nada. Lo que le da peso es que Sumar no es un partido de la oposición registrando una protesta: ocupa ministerios en el Gobierno de Pedro Sánchez, de modo que es una mitad de la coalición pidiendo a la otra que revise un compromiso que el Estado ya ha adquirido.

El detonante es Ceuta, por donde decenas de miles de personas cruzaron desde Marruecos en cuestión de días. El propio relato español de aquella semana atribuyó la responsabilidad a las redes de tráfico y no a Rabat, y Marruecos rechazó de plano cualquier culpa. Una moción así reabre esa cuestión por implicación, porque pregunta si el país con el que España se prepara para coorganizar un Mundial es un socio con el que deba compartirlo.

No se limita a Madrid. Livre, un partido pequeño del Parlamento portugués, escribió al primer ministro Luís Montenegro y al presidente de la federación portuguesa de fútbol para pedir la misma revisión, y calificó el acuerdo de insostenible tras Ceuta. Dos de los tres coanfitriones europeos tienen ya partidos en sus cámaras formulando la misma pregunta en la misma semana.

La posibilidad real de que algo de esto altere el torneo es casi nula. La sede está adjudicada, el dinero de infraestructuras está comprometido y la FIFA no revisa una decisión porque un socio menor de coalición registre una moción. Lo que sí hace la moción es convertir la crisis migratoria en un asunto del expediente del Mundial y no solo del Ministerio del Interior, y ahí resulta mucho más difícil dejarla sin respuesta.