Los seis mayores grupos bancarios españoles sumaron 10.800 millones de euros de beneficio en el primer trimestre, un 27 por ciento más que en los mismos tres meses de 2025. Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell, Bankinter y Unicaja aportaron su parte, con Santander registrando el salto más pronunciado. Es el tipo de trimestre que antes se habría calificado de excepcional y que ya empieza a parecer la forma habitual del sector.

La mecánica no tiene misterio. Los tipos se han mantenido lo bastante altos durante el tiempo suficiente para que el margen de intereses resulte cómodo, la morosidad no ha aparecido en el nivel que temían los modelos y los hogares españoles han seguido endeudándose. Súmese una economía interna que crece por encima de la media del euro y el resultado es un sector que gana dinero sin necesidad de hacer nada ingenioso.

Lo que complica el cuadro es lo ocurrido en junio. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia abrió expediente sancionador a seis grupos bancarios por las declaraciones públicas que sus directivos habían hecho sobre la política de hipotecas a tipo fijo. El reproche no es que esas declaraciones fueran falsas. Es que hablar abiertamente de intenciones de precio, en un mercado tan concentrado, puede cumplir la función que de otro modo exigiría un acuerdo explícito.

Es una acusación más difícil de rebatir que un cártel clásico, porque la conducta se parece a una comunicación ordinaria con inversores. Los directivos explican a los analistas hacia dónde esperan que vayan los márgenes. En un sector con seis actores relevantes, esas explicaciones también las leen los otros cinco.

De momento los resultados y la investigación avanzan en paralelo. Los bancos seguirán presentando buenas cifras y el regulador seguirá trabajando en un expediente que puede durar años. La pregunta que el sector no ha respondido de verdad es si una racha tan buena atrae el escrutinio que acaba con ella.